El gris y el granate

Qué felices somos con la camiseta de la presente temporada. Qué contentos estamos con la recuperación de las franjas y de los colores que identifican al equipo. Y la cosa no era tan complicada, más bien lo contrario: simplemente había que apostar por un diseño de rayas verticales, rayas grises y granates. Nada más. Más anchas o más estrechas, pero grises y granates. Tampoco era mucho pedir, sólo lo que había venido definiendo al Júpiter desde su fundación, con la excepción herculina de aquellos años infaustos en los que hubo que vestir, por imperativo legal, de verdiblanco bético-cordobés. Algo, reclamábamos, que se pareciera, en la medida de lo posible y para entendernos, a aquella camiseta magnífica del Centenario, quintaesencia de todo lo que representan los colores de este club. Pero no. Preferimos jugar, durante temporadas, con los colores hasta que alcanzamos aquella elástica de franjas fucsia (fucsia, no granate) y negro degradado, o desvaído, que ya parecía insuperable. Nada más lejos de la realidad: cuando creíamos que la cosa no podía empeorar, llegó aquella otra zamarra roja (roja, no granate), sin rayas (¡sin rayas!) y con medio pecho y manga izquierda de tono gris. ¿El fondo del pozo? Ni hablar del peluquín. El fondo se tocó, y de qué forma, con la de la temporada pasada, negro sotana, con una especie de cruz roja (roja, no granate) y gris como culminación del delirante diseño. Muy bonita para pasear por la rambla o para hacer cola en los pollos a last de la calle Cantabria, no lo discutiremos, pero no para jugar al fútbol con el escudo del Júpiter cosido en el pecho.

¿Por qué renunciar a la singularidad de nuestra camiseta? ¿Nos avergonzamos de una combinación de colores quizás única -o casi- en el fútbol mundial? Pudiera parecerlo. Disfrutemos del juego de nuestros futbolistas vestidos de Júpiter y no de otra cosa. De Júpiter, con sus rayas grises y sus rayas granates. Dejemos a un lado, de manera definitiva, diseños más propios de las peores pesadillas de un payaso daltónico para medias y mangas. Y no experimentemos más allá de eso. Respetemos la esencia del gris y del granate y dejemos los disfraces de chicle para los equipos profesionales que tienen, entre sus objetivos prioritarios, el de conquistar el mercado asiático con la venta de llaveros y gorras. 

Por caridad.

Herodes


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